Este libro avanza como el río Magdalena: parece calmo, pero arrastra siglos. No es un conjunto de poemas que se apure ni una épica que alce la voz; es más bien una memoria que camina descalza, sabiendo que la historia no siempre ocurre en los balcones sino en los caños, en los mercados, en las manos que trabajan sin saber firmar su nombre. rnHay aquí una poesía que observa con lúcida ternura u2014a veces con una ironía leve, casi sonrienteu2014 cómo se fundan las ciudades mientras desaparecen las personas, cómo el progreso se anuncia con música, pero cobra entrada con silencios y olvidos. rnY, sin embargo, También por el río llegaron es un libro que no se deja ganar por la solemnidad: hay una humanidad que asoma con humor discreto, apellidos humildes, vidas sin estatua, mujeres siempre llamadas u201cNiñasu201d que sostienen el mundo mientras nadie las entrevista: todo esto aparece con una dignidad que no idealiza, pero tampoco se rinde. rnAl final, el libro hace algo raro y valioso: convierte la memoria colectiva en un acto de justicia poética, sin perder el ritmo ni el buen humor, porque la vida sobre todo se defiende rescatando la belleza.