comer es también una forma de ordenamiento del mundo. En cada bocado se ponen en juego relaciones de poder, se activan historias que nos preceden, jerarquías que operan son nombrarse y hábitos que parecen naturales, pero que han sido impuestas y normalizados. En ese gesto cotidiano se inscriben dinámicas y modos de vida que difícilmente se perciben como construcciones históricas.