En esta obra maestra, a medio camino entre el ensayo y lo literario, Adorno además de enseñarnos su lúcida escritura, en la que el pensar resulta indisoluble del vivir, nos desvela su mejor y más elevado legado crítico: el arte de resistir. Vigilando el ascenso de la extrema derecha y admirando la sexualidad, ojeando unas páginas de poética francesa o contemplando el diseño de interiores, viendo las narraciones del cine y descubriendo el espíritu de la infancia, escrutando los discursos y creencias de la astrología o atisbando el trasiego en los hoteles: siempre que Theodor W. Adorno dirige su mirada hacia cualquier arista de la realidad, consigue transformarla, destilando de ella un pequeño fragmento con el que poner en marcha el pensamiento.