Los huaorani, o huaos, un pueblo nativo de la Amazonía ecuatoriana, guardaban en su memoria el recuerdo de los caníbales salvajes que tiempo atrás habían llegado por oleadas hasta sus tierras para desaparecer a su gente. Estos habitantes de la selva denominaban así a los blancos, llámense exploradores, caucheros, petroleros o misioneros, que se habían aventurado hasta esos lares para esclavizarlos y convertirlos a sus creencias. Por eso, los huaos los evitaban siempre que podían y los atacaban con lanzas si se acercaban demasiado o amenazaban sus territorios. Esto fue así hasta que aparecieron en escena monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, dos religiosos capuchinos, él español y ella colombiana, que se acercaron a los huaos para entenderlos y defenderlos.