En los ensayos que forman la primera parte del libro, Tom Wolfe realiza un provocativo análisis de un fenómeno surgido hacia la mitad de la década de los sesenta que convulsionó el panorama literario norteamericano: la aparición del llamado u00abNuevo Periodismou00bb, que según Wolfe arrebata el centro a la esterilizada y agonizante novela y se convierte en el género literario más rico de la época.nPara los Nuevos Periodistas, que se sumergían donde u00abpasaban las cosasu00bb, había que u00abtomar contacto con completos desconocidos, meterse en sus vidas de alguna manera, hacer preguntas a las que no tengas derecho natural de esperar respuesta, pretender ver cosas que tú no tienes por qué ver, etc.u00bb y, ante la incapacidad de los novelistas para enfrentarse al cambio vertiginoso experimentado por la sociedad norteamericana, u00abtenían todos los años sesenta locos de Norteamérica, obscenos, tumultuosos, mau-mau, empapados en droga, rezumantes de concupiscencia, para ellos solosu00bb.nY de este modo el Nuevo Periodismo retomó la gran novela realista de siglos precedentes, cuenta Wolfe, aunque u00ablo único que pretendía decir al empezar era que el Nuevo Periodismo no puede ser ignorado por más tiempo en un sentido artístico. Del resto me retractou2026 Al diablo con esou2026 Dejemos que el caos reineu2026 Más alta la música, más vinou2026 Al diablo con las categoríasu2026u00bb.nLa antología de textos de Rex Reed, Terry Southern, Norman Mailer, Nicholas Tomalin, Barbara L. Goldsmith, Joe McGinniss, Robert Christgau, John Gregory Dunne y el propio Tom Wolfe, en la segunda parte del libro, ilustra espléndidamente las tesis del autor.