Palestina es un microcosmos del mundo: miserable, furiosa, tensa y fragmentada. En llamas. Obstinada. Digna. Mientras el Estado colonial de Israel continúa infligiendo una violencia devastadora, las verdades esenciales se ocultan de forma deliberada: se mima a los perpetradores, mientras que a las víctimas se las culpa y se las lleva a juicio. El mundo sigue siendo testigo a través de las pantallas; miembros rotos, hogares y futuros destrozados impregnan los sueños. ¿Por qué deben demostrar su humanidad los palestinos? ¿Cuáles son las implicaciones de una tarea tan exasperante como imposible?