El día de su boda con Nate, Frankie solo desea una cosa: que George, su mejor amigo de la infancia, esté allí para acompañarla a pesar de haberse distanciado con el tiempo. Por eso, todo parece encajar cuando George acude a la boda. Lo que no se espera Frankie es que Nate la abandone repentinamente esa misma mañana con una nota. Destrozada, Frankie busca consuelo entre los suyos, cuando George le propone algo tan loco como necesario: que se vaya a su viaje de luna de miel igualmente... con él.