En los mil años que duró la Edad Media, ningún barco cayó al vacío al llegar a los confines del mundo. Tampoco la disolución del Imperio romano significó una resaca colectiva que condenara al olvido la fiesta de la cultura clásica, ni el Renacimiento supuso el rescate u0096u00a1gracias a los dioses del Olimpo!u0096 de una Antigüedad condenada a un amnésico abandono. No, la Edad Media no fue una época de oscurantismo e ignorancia. Desde finales del siglo pasado, muchos historiadores han seguido distintas estrategias para dejar atrás, de una vez por todas, ese falso y fantasioso imaginario colectivo, pero en esta ocasión contamos con unas herramientas infalibles para orientarnos en ese u00abmilenio oscurou00bb: los mapas. Sin embargo, no los usaremos solo para ver qué se sabía sobre geografía en la Edad Media, sino como reflejo de las mentalidades medievales.nnEn el presente libro, Kevin R. Wittmann reconstruye la historia de los mapas medievales y muestra hasta qué punto son herederos legítimos de la Antigüedad e impulsores de la Edad Moderna. Solo así es posible comprender todo lo que fue y supuso en realidad el Medievo, además de asumir un nuevo modo de hacer historia que supera las barreras cronológicas o los límites culturales y disciplinares.