Las primeras líneas de esta historia nos invitan a un fascinante viaje en el tiempo. Máximo Huerta regresa a Buñol para cuidar a su madre y los recuerdos se amontonan: las primeras lecturas, los vecinos, los días de lluvia, las tardes de rotuladores, chocolate y el abrigo de las primeras lecturas. "Sin leer estaría muerto", reconoce el autor.