Carlota escribe a su prima Elisa para contarle su vida. Lo que comienza como un encargo reunir material para una novela se convierte en un relato incómodo, lúcido y profundamente subversivo. A través de esas cartas, narra su paso por una Bogotá marcada por las apariencias y por la violencia silenciosa de una época que exigía obediencia. Entre el psicoanálisis, las tensiones familiares, una maternidad asfixiante, el despertar político y una relación decisiva con el arte, Carlota empieza a descifrar su propia vida con una claridad que desborda cualquier mandato. Helena Araújo construye un personaje inolvidable: contradictorio, mordaz, vulnerable y feroz a la vez. Desde esa mirada, la novela propone una lectura distinta del conflicto colombiano de la segunda mitad del siglo XX, filtrada por la experiencia íntima y cotidiana. Las cuitas de Carlota es, al mismo tiempo, un retrato de época y una toma de posición: una apuesta radical por dejar hablar a quien históricamente no ha tenido voz.