En un extremo del mundo y junto a largas playas y acantilados barridos por el viento vive Pedro. Es un lugar lleno de vida que alberga gran cantidad de aves y animales marinos. Algunos vienen aquí para tener sus crías, pero para otros, como Pedro, es también su hogar. La belleza de este lugar se ve alterada una noche cuando un petrolero zozobra cerca de la costa, se parte en dos, y vierte el crudo en el mar. A la mañana siguiente las negras y viscosas olas arrojan a la orilla animales completamente ennegrecidos y los deja en la playa como si fueran montones de desperdicios. A pesar de la gran operación de limpieza y del paso del tiempo, todavía ahora, cuando Pedro acude a la playa a lanzar piedras por encima de las olas, sus manos quedan pegajosas y negras como los recuerdos de aquellos días.nu00b7 La relación de un niño con el entorno natural.nu00b7 Una mirada infantil a un desastre ecológico.nu00b7 La memoria, el mejor antídoto para la repetición de un desastre.nu00b7 La playa de Pedro nunca volverá a ser la misma.nu00b7 La necesidad de preservar el frágil equilibrio ecológico.