Tras la muerte de su madre, Amarú descubre que es descendiente directo de Atahualpa y que ha sido elegido para traerlo de vuelta. Para cumplir su destino, entiende que en el mundo actual el poder se mide en dinero y violencia, y se adentra en el narcotráfico sin imaginar el precio que pagará. Quinientos años después de su ejecución, Atahualpa despierta en un continente fragmentado por la desigualdad, la ambición y el olvido. Lo que encuentra no es su imperio, sino nuevas formas de dominación.