EN LA SOMBRA

Hoy día, la producción editorial es abrumadora. Una oleada de libros tras otra, se suceden en las vitrinas y exhibidores de las librerías, sin tregua. Hay libros que tienen voces potentes, por ser de autores célebres, o abordar temas de moda, o ser impulsados por la publicidad de sus editores. Otros, modestos pero imperdibles para un buen lector, quedan en la sombra. Esta sección se ocupa de algunos de ellos, tratando de iluminarlos para que alguien los vea y se anime a rescatarlos y disfrutarlos.


 

Noviembre 19 de 2020
 

Hay libros, a diferencia del común, que uno quisiera alargar su lectura hasta el límite, no devorarlos de una vez, sino paladearlos capítulo a capítulo, ir adelante, pero retrocediendo. Me ha sucedido con Tantas vueltas para llegar a casa de Carolina Ponce de León, una autora a quien seguía en sus columnas sobre arte de El Tiempo hace unas décadas. Escribo este post, para ser coherente, faltándome las cinco últimas páginas que espero deleitarme con ellas sin afán, dándome el espacio necesario.

Hacía rato no leía un libro, que, siendo el relato de una vida, la una y muchas de la autora, vividas en Bogotá, Nueva York, París, San Francisco y otros lugares de paso -como curadora, crítica, gestora cultural, etc.-, lograra apasionarme de tal manera, siguiéndola en sus itinerarios y ciclos, viéndola jugarse hasta el pellejo en experiencias, placeres y revelaciones en medio allí donde otros, como plumíferos, apenas levantan un simulacro a su ego. Carolina no rehúye desnudar su verdad como hija, esposa, madre, amante, artista; como mujer, en una sola palabra, con el valor de quien tiene mucho que decir y poco perder. Y, sobre todo, con el talento y la lucidez de quien, al erigirse como tema de sí misma, lo hace como la grandísima escritora que ella es, permitiéndonos a nosotros, sus lectores, aprovecharlo.

Tantas vueltas para llegar a casa es un extraordinario libro de una grande, grandísima escritora

Tantas vueltas para llegar a casa. Carolina Ponce de León. Editorial Planeta 20/20.

 

Elkin Restrepo.

 

Noviembre 10 de 2020

 

CUENTOS DELEITABLES

El exigente género que es el cuento, con sus encarnaciones que van desde la minificción a la nouvelle, ha tenido en los Estados Unidos sus orfebres más connotados, que saltaron sobre el exigente listón que los europeos les dejaron a comienzos del siglo XX ( Maupassant, Chéjov, Wilde, Pardo Bazán…), y le dieron su dimensión moderna: Poe, O’Henry, Washington Irving, Twain, Hemingway (quien lo admiraba a nuestro reseñado), Scott Fitzgerald ( su amigo cercano), Bierce…,  en una primerísima línea, y un nutrido y maravilloso pelotón tras esa vanguardia, muy leídos en su tiempo pero hoy casi olvidados.

Y es uno de esos autores a quien hoy queremos recomendar: se trata de Ring Lardner, un multifacético personaje (1885-1933), ganador de un Premio Óscar por un guión (su hijo seguiría exitosamente este oficio y ganaría dos premios Óscar), narrador deportivo de baseball, escritor de la partitura y letra de un musical, columnista de 115 periódicos, y, además magnífico escritor de cuentos satíricos.

La imprescindible editorial barcelonesa Acantilado rescató un volumen de sus cuentos, donde el agitado clima social y cultural de la era del jazz queda fotografiado en agridulces relatos,  donde Lardner se burla de la vacuidad, de los nuevos ricos, de la presunción, de la arrogancia ignorante, siempre con esa habilidad narrativa que lo convirtió en uno de los cuentistas más leídos de la década de 1920, capaz de interpelarnos hoy y convocarnos en una solidaria carcajada.

Lardner, Ring (2001) A algunos les gustan frías. Barcelona: Acantilado (Colección Narrativa del Acantilado, número 3). Tr. Cecilia Filipetto.252 pp.

 

Jorge Echavarría 

Noviembre 10 de 2020


 

FILOSOFÍA SIN DOLOR

Leer un libro de filosofía, excepto por una obligación académica, representa para el lector desprevenido y no especializado todo un reto lleno de obligaciones y retos que, usualmente, se considera sin interés o capacidad de enfrentar. ¿Qué deleite extraer de esos sesudos tratados llenos de reflexiones enrevesadas y de alusiones continuas a otros filósofos, igualmente arduos y de longitudes heroicas o de una brevedad jeroglífica?

Pues las buenas noticias son que sí existen autores capaces de atraer nuestro interés, hablarnos al oído, fascinarnos con sus argumentos, establecer conexiones con nuestros intereses comunes y hacerlo con una prosa tan literaria, que, sin faltar al rigor de su pensamiento, nos fascina como un relato hábilmente construido. 

En nuestras latitudes lingüísticas Fernando Savater es un buen ejemplo, pero hoy no hablaremos de él y su respetable obra. Michel Onfray, un filósofo normando nacido en 1959, que ya cuenta con unas 100 obras a su haber, es el escritor sobre el que pondremos nuestro haz de luz, rescatándolo de la sombra de la avalancha editorial. Capaz de irritar a sus puristas colegas por ser un filósofo capaz de vender muchos ejemplares, afín a Nietzsche, los estoicos y los epicúreos, poseedor de una página web (michelonfray.com), donde responde inquietudes sobre la telemedicina o el arte callejeroy vende sus libros y CDs, fundador de la inusual Universidad Popular de Caen, es, en toda línea, un filósofo para nuestros tiempos.

“Estética del Polo Norte”, es un homenaje a su padre, un agricultor que nunca había abandonado su pueblo (Chambois), desde su nacimiento en 1921, hasta que su hijo, como regalo por su octogésimo cumpleaños, le regala un viaje a la lejana Tierra de Baffin, más allá del círculo polar ártico, recordando una anécdota de niñez, donde el padre le enseña al entonces niño la estrella polar y le confiesa su anhelo de ir al Polo Norte.

Más allá de esta anécdota, Onfray desarrolla a través de su travesía, toda una poética y fascinante incursión que reflexiona sobre la geología, el clima, las adversidades a las que están adaptados los habitantes de esas heladas latitudes, donde antropología y naturaleza se alían y ensamblan para permitir la insistencia de la vida, desafiando el frío extremo, redescubriendo secretos ciclos que se explicitan en sus mitos y religión, en una compleja y a la vez simple, casi invisible, civilización. Sin embargo, no se queda Onfray en esta idílica evocación, sino que nos muestra los estragos que la ensalzada civilización moderna va haciendo en este maravilloso tejido simbólico: geopolítica, alcoholismo, plástico mutante, colonización disfrazada, destrucción ignorante de equilibrios logrados tras millones de años, una estética vital y persistente ahora a punto de ser borrada del planeta, el que requiere, irónicamente  más que nunca, aprender de supervivencia en condiciones extremas…

Un bellísimo libro que inquieta, hace pensar, maravilla y… sin ningún dolor al hacer su travesía lectora.

Onfray, Michel (2015) Estética del Polo Norte. Estelas hiperbóreas. Barcelona: Gallo Nero. Tr. Delfín Gómez Marcos. 173 pp.

 

Jorge Echavarría.

Septiembre 10 de 2020

 

Las antologías, de cuento o poesía, sirven para medir varias cosas: el inocultable gusto del antólogo, primero;  los horizontes que cada época, lugar, generación o demografía van estableciendo en cada momento;  la “fotografía” o “estado del arte” del género y sus cultores; las geografías literarias, etc. Son, pues, sondas que permiten explorar, desde diferentes puntos de vista, las inquietudes, alcances, temas y soluciones que un grupo de escritores dan a los asuntos que abordan.

Hace unos años, “Bogotá 39: Nuevas voces de ficción latinoamericana”(2017) permitió un interesante paseo literario sobre 39 creadores de ficción menores de 39 años, un corte caprichoso pero efectivo( Gabo terminó a esa edad “Cien años de soledad”). La selección final estuvo a cargo de un jurado compuesto por Darío Jaramillo Agudelo (Colombia), Leila Guerriero (Argentina) y Carmen Boullosa (México), que seleccionaron cuentos o fragmentos de novelas. Con el paso de los años, se ratificaron o quedaron en suspenso los escritores y sus trabajos. El hecho de que su alcance fuera continental, permitió contrastar diferentes “modos” ligados a tradiciones o rupturas, conectadas o no con circuitos locales o internacionales.

“Puñalada trapera”, selección de Juan F. Hincapié (y bellas ilustraciones de Marcela Quiroz), fue editada el mismo año que la anterior, pero no fue tan leída. Los caprichos de los circuitos de distribución y presencia en festivales y ferias, favorecieron a la primera sobre esta, de hecho, más local y menos sacralizada desde sus alcances y el patrocinio invisible (no sabría si tan deseable) del ya mítico Nobel.

Se trata de 22 textos, de buena factura casi todos, con algún “colado”, pero que cumplen cabalmente la noción de ser una sonda de nuestra narrativa. El carácter nacional de esta selección, se cumple con representantes de varias áreas geoculturales de Colombia y, claro, 2 nombres residentes en EEUU. Hay vacíos en el mapa, y ello es significativo, lo mismo que otros criterios o filtros que abren espacio para otras, deseables y necesarias, antologías futuras. Se limita al cuento, y no a fragmentos de novelas mezcladas con narrativa corta, como en “Bogotá 39”, y ello permite un vistazo más ajustado a un género en sus 318 páginas, disfrutables casi todas. Un texto que, con el paso del tiempo, seguramente servirán como brújula, de un lado, y de oráculo retrospectivo del acierto o no del seleccionador.

AAVV (2017) Puñalada trapera. Una antología de cuento colombiano. Bogotá: Rey Naranjo

Jorge Echavarría. 

Septiembre 10 de 2020

 

LAS CIUDADES TAMBIÉN TIENEN BIOGRAFÍAS

Hace unos años, el inglés Edward Rutherford ( seudónimo de Francis Edward Wintle), captó la atención de los adictos a las sagas históricas con su novela London, que hizo retroceder a la búsqueda de una previa, dedicada a Rusia (Russka), y luego a continuar con  dos sobre Irlanda, y, ya que la fórmula funcionó, sendas novelas sobre New York y París. El autor, de la misma fibra que James Michener y Ken Follet, aunque mejor escritor que este último, en lo que no hay gran mérito, logró hacer que sus novelones se leyeran y tradujeran urbi et orbi.

Sin embargo, “Ámsterdam”, de Russell Shorto, quien vivió en esa ciudad durante seis años, es otro cuento: el autor, historiador y periodista, si recurrir a ficciones truculentas  y personajes prototípicos, y, por tanto, irreales, realiza una fascinante inmersión en la historia, cultura y vida de esta ciudad, centro de poder sui generis que se inicia con la conquista del terreno por medio de los canales y diques en el siglo XIV, continua con la creación de un imperio comercial global, la invención y práctica de una ética e ideología liberal, que da cobijo a Spinoza, a Rembrandt, a la fundación de lo que luego sería New York (New Amsterdam, originalmente) y a inesperados avatares de una ciudad que no necesita del tamaño ni de los monumentos para reclamar su lugar en la historia. Un refrescante cambio de perspectiva, que muestra como la historia, bien narrada y entretejida, puede ser más fascinante que una novela histórica fast food.

Shorto,  Russell (2016) Ámsterdam. Historia de la ciudad más liberal del mundo. Madrid: Katz

 

Jorge Echavarría. 

Septiembre 10 de 2020

 

LAS PARADOJAS DEL PENSAR Y DEL SENTIR

Como extensión de su revista “El Malpensante”, la fundación que lleva su nombre ha emprendido la edición de libros hace ya un tiempo. Con el mismo espíritu de la publicación, se editan libros que juegan en los límites entre la trasgresión y el espíritu que no se deja amedrentar por las posiciones “políticamente correctas”, marbete de las moralinas contemporáneas, que se disfrazan de campeonas de la igualdad para vetar lo que no les parece y erigirse como jueces y héroes culturales.

Roberto Palacios, fiel a tal compromiso de abordar temas inesperados, petit histories barridas bajo la alfombra del relato canónico,  nos regala una exploración breve pero contundente de un aparente oxímoron, la vida erótica de los filósofos. Tal vez marcados por la divertida biografía que de Quincey, otro malpensante antecesor, dedicara a Kant y a su aséptica y neurótica vida ( Los últimos días de Emmanuel Kant), y al moralismo de los intelectuales “comprometidos” del siglo XX, nos dejamos arrastrar por la idea de que pensar y experimentar los tirones de la carne eran dos dimensiones inmiscibles. Ya la bella película dedicada a Wittgenstein en 1993 por Derek Jarman miró de frente esta dimensión. Pero Palacios sobrevolará este irregular y silenciado territorio para cartografiar, con humor y sorna, este inter juego carne/espíritu y sus diversas soluciones. Un libro breve que deja "antojado" al lector.

Palacio, Roberto (2018) La vida erótica de los filósofos. Bogotá: Libros malpensante.

 

Jorge Echavarría. 

Agosto 5 de 2020


Entre abejas, apicultores y emperadores

Nuestro libro que sale hoy de la zona sombría: una novela breve, que en 1996 fue premiada y que su autor, el mallorquí José Luis de Juan decidió retomar y reescribir en 2017, “El apicultor de Bonaparte”.

Napoleón había escogido a la abeja como símbolo y sello personal. En la ceremonia donde se le proclama emperador celebrada en la catedral de Notre Dame de París el 2 de diciembre de 1804, luce un manto púrpura de  40 kilos, cuidadosamente bordado con 1.500 abejas de oro. Este símbolo buscaba diferenciarlo de la flor de lis de los Borbones destronados, estableciendo un (irreal pero no menos efectivo) vínculo con la casa merovingia, dinastía reinante entre los siglos V y VIII, y para quienes la abeja simbolizaba la resurrección y la inmortalidad: En la tumba de Childerico, hijo de Meroveo, descubierta en 1653 en Tournai, se hallaron unas 300 abejas de oro.

Esta mitológica asociación es rastreada por el novelista para, en el exilio de Napoleón en Elba, crear un juego de joyería literaria, de desencuentros,  entre el depuesto emperador, un ilustrado apicultor y los hacendosos animales. Una narrativa brillante y ágil, hacen que el libro se beba de un sorbo, lamentando sólo la virtuosa brevedad de su lectura.

José Luis de Juan (2017) El apicultor de Bonaparte. Barcelona: Minúscula.

 

Jorge Echavarría.

 


 

Agosto 5 de 2020

 

Gélido invierno ruso en el Chocó

Angosta, un proyecto editorial local muy bien seleccionado, publica La Matrioshka, una novela de Rubén Orozco, donde el título, que se refiere a las muñequitas de madera que anidan unas en otras, se replica en su estructura narrativa, de lo que sólo nos enteramos en una especie de apéndice final firmado por un profesor ruso exiliado en nuestro trópico. El grueso de la novela nos narra una historia paradigmáticamente rusa: sufrimiento, espiritualidad, brutalidad, nieve, conciencias y cuerpos sufrientes, enclaustramiento, solidaridad…la mímesis que alcanza el autor con estos referentes y con las formas narrativas e ideológicas de los literatos rusos es sorprendentemente diestra, llena de guiños a los clásicos del siglo XIX: de hecho, ya en la segunda página la narradora-protagonista recibe la noticia de la muerte de Tolstoi, uno de los mentores espirituales tras la novela de Orozco. El capítulo final ( antes del apéndice), nos retrotrae al inicio, pero lo leemos con otras claves, que anuncian otra dimensión: la novela es escrita en Medellín por una misteriosa y bella chocoana,  como el apéndice lo será por el profesor ruso, y los personajes cruzan al otro lado y se revelan de otra manera…¿ o de la misma, que apenas entrevemos?

Orozco, como Cervantes, juega con el espejo de la identidad del narrador y de sus personajes, y logra una pequeña obra maestra.

Rubén Orozco ( 2019) La Matrioshka. Medellín: Angosta.

 

Jorge Echavarría.